¿Cuándo acudir a terapia? Una aproximación al malestar emocional y sus formas de abordaje
- 21 abr
- 2 min de lectura
¿Cuándo acudir a terapia?
¿Y a qué tipo de terapia?
No siempre es fácil saber cuándo acudir a terapia.
A veces no hay un motivo claro…
solo una sensación persistente de malestar,
situaciones que se repiten,
o algo que, aunque se intente entender,
no termina de tener sentido.
Actualmente existen distintos enfoques terapéuticos.
Algunos se centran en la conducta, otros en el
presente inmediato, en el cuerpo o en la experiencia emocional.
Sin embargo, no todos los procesos
terapéuticos trabajan de la misma manera, ni
apuntan a lo mismo.
Elegir un tipo de terapia no depende
únicamente del síntoma,
sino también de la forma en que cada persona
desea acercarse a lo que le ocurre.
Hay procesos más breves, orientados a resolver
situaciones específicas.
Y existen otros que proponen un trabajo
distinto: no solo aliviar el malestar, sino intentar
comprenderlo.
En la psicoterapia psicoanalítica, el interés no se
centra únicamente en lo evidente,
sino en aquello que no ha podido ser pensado,
en lo que se repite,
y en el sentido que puede ir tomando a lo largo
del proceso.
¿Cómo elegir?
Acercarse a un proceso terapéutico implica
también elegir a un profesional.
No siempre es sencillo saber cómo hacerlo.
En México, contar con una licenciatura en
psicología no implica necesariamente estar
preparado para ejercer como psicoterapeuta.
La formación clínica requiere un proceso
posterior de especialización, supervisión y
práctica constante.
Más allá de los títulos, es importante poder
preguntarse:
¿cómo trabaja esta persona?,
¿desde dónde escucha?,
¿qué tipo de espacio ofrece?
Elegir un terapeuta no es solo una
decisión técnica,
también implica algo de orden subjetivo:
la posibilidad de sentirse escuchado en un lugar
donde algo pueda empezar a decirse de otra manera.
¿Cuándo acudir a terapia?
No existe un momento único ni una
respuesta universal.
Cada persona se desplaza en distintas áreas de
su vida: relaciones, trabajo, familia, cuerpo.
Cuando algo comienza a generar un malestar
persistente o a interferir en alguna de ellas,
puede ser una señal.
A veces ese malestar se presenta de
forma clara:
ansiedad, insomnio, dificultades en las
relaciones, problemas alimenticios, irritabilidad
o conductas que generan conflicto.
Otras veces no es tan evidente.
Se experimenta más bien como una sensación
difusa de inquietud, vacío o desconexión.
En ocasiones, quienes rodean a la persona lo
perciben antes y lo señalan.
Y en otras, es el propio sujeto quien comienza a
notar que algo no está funcionando como antes.
También puede ocurrir que ese malestar se
intente ignorar.
Sin embargo, aquello que no logra pensarse,
con frecuencia encuentra otras formas de aparecer.
Iniciar un proceso terapéutico no tiene que ver
con la obligación,
sino con la posibilidad de querer comprender lo
que está ocurriendo.
A veces, ese primer movimiento no resuelve
de inmediato…
pero abre un espacio distinto:
el de poder empezar a darle un sentido a
aquello que, hasta entonces, solo se repetía.
Acudir a terapia
no siempre empieza con una respuesta,
sino con una pregunta...
psic. Claudia Escoto





















Comentarios