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Image by Karl Joshua Bernal

Las heridas que no se ven son las más profundas...

  • 20 abr
  • 2 min de lectura

Actualizado: 22 abr


Sobre el Dolor psíquico cuando no logra elaborarse...




Esa tarde no sabía lo que me esperaba.

Había algEsa tarde no sabía lo que me esperaba.

Había algo en ese encuentro que parecía cotidiano,

como tantas otras veces.


Quizá por eso no fue evidente.


Al final, solo quedó una sensación difícil

de ubicar.


El cuerpo avanzaba,

pero algo se había detenido.


El latido se hacía presente.

La respiración cambiaba.

Y una inquietud comenzaba a ocuparlo todo.


No había claridad.


Solo una mezcla entre enojo, tristeza e

incertidumbre.


Y, junto con ello, una pregunta que regresaba:

¿qué hice mal?


A veces, el dolor no aparece como una

herida evidente,

sino como algo que invade poco a poco.


Se instala.

Se repite.

Se vuelve difícil de nombrar.


Con el paso de los días,

la sensación no desaparecía.


Al contrario, parecía encontrar nuevas formas

de presentarse:

en el cuerpo,

en el pensamiento,

en el descanso.


Hay experiencias que no se elaboran en el

momento en que ocurren.


Quedan abiertas.


Y es en esa apertura donde el malestar insiste.


En ocasiones, se intenta encontrar respuestas

en distintos lugares.

Se busca sentido, alivio, explicación.


Pero no siempre se logra.


Más que un evento aislado,

lo que permanece es la forma en que ese

acontecimiento

queda inscrito en la experiencia.


Y entonces, no se trata únicamente de lo

que ocurrió,

sino de cómo eso continúa presente,

incluso cuando aparentemente ha pasado.

 Psic. Claudia Escotoo en ese encuentro que parecía cotidiano,

como tantas otras veces.


Quizá por eso no fue evidente.


Al final, solo quedó una sensación difícil

de ubicar.


El cuerpo avanzaba,

pero algo se había detenido.


El latido se hacía presente.

La respiración cambiaba.

Y una inquietud comenzaba a ocuparlo todo.


No había claridad.


Solo una mezcla entre enojo, tristeza e

incertidumbre.


Y, junto con ello, una pregunta que regresaba:

¿qué hice mal?


A veces, el dolor no aparece como una

herida evidente,

sino como algo que invade poco a poco.


Se instala.

Se repite.

Se vuelve difícil de nombrar.


Con el paso de los días,

la sensación no desaparecía.


Al contrario, parecía encontrar nuevas formas

de presentarse:

en el cuerpo,

en el pensamiento,

en el descanso.


Hay experiencias que no se elaboran en el

momento en que ocurren.


Quedan abiertas.


Y es en esa apertura donde el malestar insiste.


En ocasiones, se intenta encontrar respuestas

en distintos lugares.

Se busca sentido, alivio, explicación.


Pero no siempre se logra.


Más que un evento aislado,

lo que permanece es la forma en que ese

acontecimiento

queda inscrito en la experiencia.


Y entonces, no se trata únicamente de lo

que ocurrió,

sino de cómo eso continúa presente,

incluso cuando aparentemente ha pasado.

Psic. Claudia Escoto



 
 
 

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